Perros protectores de ganado: cómo viven y trabajan en la Puna

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En la Puna, los perros protectores de ganado establecen un fuerte vínculo con ovejas y cabras desde sus primeros días. Lejos de ser entrenados para atacar, estos canes custodian permanentemente a la majada.

El pasado 7 de julio, en la Estación Experimental Alto Valle del INTA Guerrico, se realizó una jornada donde productores compartieron experiencias sobre esta tecnología que busca reducir pérdidas sin recurrir al control letal de la fauna silvestre.

“No es un control mágico”, afirmó Rocío Álvarez, ingeniera del INTA Los Menucos. La especialista explicó que los perros protectores son una herramienta más dentro del manejo ganadero y aclaró que no eliminan por completo los ataques. “Es una herramienta más; no es un control mágico que va a ayudar a que la depredación llegue a cero”, señaló. El objetivo principal es disminuir las pérdidas por depredadores y favorecer la convivencia entre la producción y especies como el puma y el zorro colorado.

Estos perros no atacan al puma, sino que lo ahuyentan. Su estrategia consiste en delimitar territorio mediante la orina, a lo que suman un ladrido constante que disuade a los depredadores. Las razas más utilizadas son el Maremmano-Abruzzese y el Pastor del Pirineo, con un peso de entre 30 y 45 kilos y una altura de hasta 70 centímetros.

El secreto está en los primeros meses de vida. El cachorro debe generar un vínculo con el ganado desde el nacimiento, en un proceso de impronta que comienza antes de nacer. Álvarez detalló que los cachorros se familiarizan con los olores de su nueva familia —la oveja o la chiva—. Por eso, la madre permanece junto a la majada durante la gestación y el parto. Durante los primeros 45 días, los cachorros están solo con los animales que protegerán. Luego atraviesan un período sin contacto con otros perros para evitar conductas de jauría, y recién alrededor de los 14 meses alcanzan la madurez para desempeñar su función.

No cumplen el mismo rol que un perro de arreo. Los especialistas remarcan que no deben confundirse con razas como el Border Collie o el Kelpie. Mientras esos trabajan bajo órdenes del productor, el perro protector actúa con autonomía y un fuerte sentido de pertenencia hacia la majada. “Tiende a sacar los animales del corral porque lo que quiere es tener su majada en libertad”, explicó Álvarez. Esta característica obliga a adaptar algunas tareas de manejo para evitar conflictos. El trabajo demanda un importante desgaste físico: un perro protector adulto puede recorrer hasta 30 kilómetros.

Esta tecnología ganadera se presenta como una alternativa para mejorar la convivencia entre la producción y la fauna silvestre en la Puna jujeña.