El riesgo de un aluvión glaciar en El Chaltén mantiene en alerta a los expertos
Expertos advierten que El Chaltén podría sufrir un aluvión glaciar. El fenómeno GLOF preocupa por la velocidad del agua y la falta de un plan de evacuación
Especialistas vienen advirtiendo sobre la posibilidad de que la localidad santacruceña de El Chaltén sufra un aluvión de origen glaciar, un fenómeno que se conoce como GLOF y que consiste en inundaciones súbitas por el desborde de lagos formados por el deshielo.
La preocupación no es nueva. La zona es monitoreada desde hace tiempo por el retroceso de los glaciares y los cambios en las laderas. La glacióloga Mariana Correas González, del IANIGLA-CONICET, señaló que el retroceso del hielo puede dejar sin sostén a algunas pendientes y volverlas inestables. En el cerro Solo, una avalancha de gran tamaño podría caer sobre la Laguna Torre y provocar una inundación repentina.
Los relevamientos mostraron alteraciones recientes. De acuerdo a lo presentado ante el Concejo Deliberante de El Chaltén, una grieta en la ladera se movió en el último año lo mismo que en los siete años previos juntos. Además, el agua en la cuenca del glaciar Torre sería más de la que se calculó en las primeras simulaciones de 2018, en parte por la aparición de un segundo cuerpo de agua.
Uno de los puntos que más preocupa es la velocidad del agua. Según los cálculos, el flujo podría llegar a El Chaltén entre 45 minutos y una hora después del desprendimiento en la zona de la Laguna Torre. Ese tiempo sería fundamental para alertar y evacuar a los vecinos y a los turistas que recorren el Parque Nacional Los Glaciares. El riesgo cambia según la hora: de día hay mucha gente en los senderos, y de noche la amenaza se centra en quienes viven en el ejido urbano.
El tema volvió a la agenda tras el aluvión del 26 de agosto en Rasuwa, Nepal, donde un lago glaciar se desbordó y causó una catástrofe. El río Trishuli subió entre 15 y 18 metros por encima de lo normal y afectó poblaciones a lo largo de unos 72 kilómetros. Los especialistas aclaran que no son fenómenos comparables en magnitud, pero sí en la secuencia física: un desprendimiento sobre un lago glaciar y una descarga abrupta después.
Una inundación de este tipo no solo pondría en riesgo a las personas. También podría dañar el puente de acceso a El Chaltén, sobre el río Fitz Roy, lo que dejaría aislada a la localidad del resto de Santa Cruz. Además, estarían en peligro sectores cercanos a la ribera donde están la planta de gas, la central eléctrica y el puesto sanitario. Desde el Concejo Deliberante aclararon que la comparación con Nepal no implica un desastre de esa magnitud, pero un evento menor igual podría ser grave en un pueblo con un solo acceso vial y servicios cerca del río.
Por eso, el Concejo Deliberante impulsó una resolución para pedir un plan integral de evacuación y contingencia, con coordinación entre el municipio, la provincia y Parques Nacionales. La concejal Elizabeth Romanelli dijo que se busca tener sensores de alerta temprana que detecten movimientos de masa en tiempo real y avisen a las autoridades. Eso no evitaría el desprendimiento, pero daría minutos clave para activar la alarma y evacuar.
Los especialistas plantean cuatro pilares para reducir el riesgo: monitoreo con sensores en la laguna y el río, cámaras para ver la ladera en tiempo real, una respuesta definida con roles y procedimientos para servicios, escuelas y comercios, y comunicación clara para que vecinos y turistas conozcan las alertas y las rutas de evacuación. El sistema incluiría también una estación meteorológica y un software para integrar los datos en un centro de monitoreo.
Hay antecedentes en la zona. Investigaciones recientes encontraron cinco paleoinundaciones repentinas en un sector de los Andes y dos eventos históricos de GLOF. Uno fue entre 1966 y 1968 en el lago Sucia, con unos cinco millones de metros cúbicos de agua liberados y un caudal máximo de 1.200 metros cúbicos por segundo. Otro, en 1913, en el lago Piedras Blancas, con una descarga de hasta 1,3 millones de metros cúbicos.
Ya se tomaron algunas medidas dentro del Parque Nacional Los Glaciares, como trasladar la senda hacia la Laguna Torre, poner cartelería sobre el fenómeno y las rutas de evacuación, y mover el Campamento D’Agostini a un lugar más seguro. Pero todavía falta un protocolo para toda la localidad. La idea es que, antes de la temporada de verano, El Chaltén tenga un sistema para detectar una emergencia, emitir una alerta y evacuar de forma ordenada.
Los estudios no permiten saber cuándo podría ocurrir un desprendimiento, ni siquiera si va a ocurrir. Pero los indicadores de inestabilidad y los antecedentes justifican reforzar la prevención. El desafío es convertir el monitoreo científico en un sistema concreto de alerta. Si un evento llegara a pasar, la diferencia entre una respuesta ordenada y una tardía podría estar en menos de una hora.





