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El último partido de Messi con Argentina: el Monumental despide a una era

Lionel Messi jugará ante Benín su último partido con la Selección Argentina en el Monumental, cerrando más de dos décadas de historia con la celeste y

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Redacción
6 de octubre, 2026 · 08:02 · 3 min de lectura
El último partido de Messi con Argentina: el Monumental despide a una era

Existen encuentros que duran noventa minutos y otros que arrancan mucho tiempo antes y parecen no tener final. El de este martes pertenece a esa segunda categoría. Lionel Messi disputará frente a Benín su último partido de Messi con la Selección Argentina y, cuando el árbitro indique el cierre, no solo habrá concluido un cotejo: se clausurará una historia que a lo largo de más de veinte años nos mostró cómo ganar, cómo perder, cómo insistir y, por fin, cómo festejar en conjunto.

El Monumental albergará la despedida. En ese estadio, ante miles de argentinos, Messi vestirá otra vez la celeste y blanca por última vez. Será su presentación número 208 con el combinado nacional, tras 21 años de un vínculo que atravesó todos los capítulos imaginables: el estreno cuando era apenas un chico, las críticas, las finales caídas, aquella determinación de tomar distancia luego de la Copa América Centenario, el retorno, la mutación en capitán y un tramo glorioso que culminó con la Copa América, la Finalissima y el Mundial de Qatar.

Sin embargo, tal vez el recorrido de Messi con Argentina no se explique únicamente a través de títulos, goles o estadísticas. Porque antes de consagrarse campeón del mundo fue el muchacho al que muchos le exigían más. Fue quien debió escuchar que no sentía la camiseta, que no lograba replicar con Argentina lo que hacía en Barcelona, que siempre restaba algo. Y continuó. Una y otra vez. Hasta que un día esa misma camiseta que parecía pesar demasiado se transformó en la que elevó al cielo para que todos pudiéramos contemplarla.

Por eso hoy no se despide solo un futbolista. Se va una porción de nuestras vidas. Se marchan con él esas madrugadas aguardando un partido, los nervios previos a cada final, los abrazos tras cada gol, las lágrimas de las caídas y esa alegría imposible de describir cuando por fin arribó la Copa del Mundo.

Messi optó por Argentina cuando también podía haber elegido otro rumbo. Vino desde Rosario, se formó futbolísticamente en España y, aun así, al momento de definir qué camiseta defender, escogió la celeste y blanca. Durante más de veinte años portó nuestro escudo por el planeta y nos hizo sentir representados en cada terreno de juego.

Quizás por eso la tristeza de esta última presentación tenga también algo de orgullo. Porque no todos los países pueden despedir a un jugador como Messi. Nosotros sí. Nos correspondió verlo crecer, padecer, levantarse, transformarse en capitán y terminar siendo campeón de todo con Argentina.

Este martes, cuando vuelva a sonar el Himno y Messi observe las tribunas, seguramente habrá miles de personas intentando contener las lágrimas. Y cuando el encuentro concluya, quedará una sensación difícil de explicar: saber que ya no existirá otro partido oficial de Messi con Argentina.

Quedará, eso sí, todo lo demás.

Los goles. Las gambetas. La zurda. Las asistencias. Las finales. El Mundial. Las Copas América. El abrazo con la Copa en Qatar. Y, por encima de todo, permanecerá el recuerdo de haberlo visto jugar para nosotros.

Porque algún día alguien preguntará dónde estábamos cuando Messi jugó su último partido con la Selección Argentina.

Y podremos responder que estuvimos ahí. Que lo vimos. Que lo sufrimos. Que lo disfrutamos. Que lo acompañamos.

Y que tuvimos el privilegio de verlo vestir la camiseta argentina.

Gracias, Leo.

Por todo.

Y, sobre todo, por haber elegido ser argentino.

Por A. Aramayo

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