La inseguridad vinculada al hurto de motocicletas se ha transformado en una problemática cada vez más preocupante en distintas localidades jujeñas. Lo que antes parecía ser hechos aislados ahora presenta características de una operación delictiva coordinada, con participantes que trabajan en equipo, utilizan vehículos de apoyo y poseen conocimiento previo de sus objetivos.
El pasado 23 de enero, una joven residente en las 78 Viviendas del barrio Alto Comedero fue víctima del robo de su motocicleta. El hecho ocurrió durante la tarde, entre las 16.20 y las 16.30 horas, cuando un individuo descendió de un automóvil blanco, portando casco, y se llevó el vehículo con la asistencia de un cómplice que lo esperaba para facilitar la fuga. Su madre, Elba, relató los detalles a través de una entrevista radial, explicando que el robo fue documentado por sistemas de vigilancia de vecinos.
La familia realizó una investigación por su propia cuenta, recopilando material audiovisual y distribuyéndolo en plataformas digitales. Entregaron a las autoridades videos, fotografías y descripciones detalladas del vehículo utilizado en el delito, que incluían características como paragolpes dañado, luneta trasera deteriorada y calcomanías identificables. Sin embargo, transcurrida una semana desde el suceso, aseguran no haber recibido información sobre allanamientos o avances significativos en la investigación. Elba manifestó su frustración al indicar que les comunicaron que las grabaciones no constituían evidencia suficiente para proceder.
Este caso forma parte de un patrón más amplio que se extiende hacia la provincia vecina. En General Güemes, Salta, una familia logró recuperar tres motocicletas tras realizar búsquedas independientes guiadas por información de residentes locales. Ese trabajo permitió identificar una ruta delictiva que conecta localidades como Güemes, Pampa Blanca, Monterrico, Perico, Palpalá y Alto Comedero, utilizada aparentemente para trasladar y comercializar vehículos sustraídos. Notablemente, en el mismo día y en horarios similares, se registraron robos de tres motocicletas con características idénticas tanto en Salta como en Jujuy, lo que sugiere la participación de una organización criminal con métodos sistemáticos.
Los delincuentes demuestran realizar tareas de vigilancia previa, observan patrones de comportamiento de sus víctimas y actúan con precisión y coordinación. Elba expresó su preocupación señalando que los criminales “investigan”, identifican qué motocicleta robar y cuándo hacerlo, mientras que la motocicleta de su hija representaba su herramienta laboral y había sido adquirida con considerable esfuerzo económico.
Las víctimas denuncian que la respuesta institucional es insuficiente. Reclaman que las imágenes no sean analizadas adecuadamente, que los datos proporcionados sean descartados sin justificación y que no se ejecuten operativos de allanamiento. La sensación predominante entre los afectados es de desprotección total. “Lo peor es la sensación de que nadie nos cuida”, expresó Elba con visible angustia, resumiendo el sentimiento compartido por múltiples víctimas.
A medida que se multiplican los testimonios de robos reiterados, rutas conocidas y zonas donde aparentemente opera sin restricciones una banda delictiva, crece la preocupación entre los vecinos y se intensifica la percepción de impunidad. La falta de respuesta judicial efectiva contrasta con la capacidad organizativa que demuestran los delincuentes, generando un clima de inseguridad que afecta especialmente a quienes dependen de motocicletas para su subsistencia.



