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Autismo en las aulas: la inclusión escolar no se asegura con una vacante

Viviana Maza, de Hablemos de Autismo, analiza las barreras que persisten en la inclusión escolar y explica por qué tener una vacante no garantiza una

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Redacción
8 de septiembre, 2026 · 08:02 · 3 min de lectura
Autismo en las aulas: la inclusión escolar no se asegura con una vacante

Las familias de niños con autismo todavía tropiezan con obstáculos para lograr una escolarización completa. Así lo expresó Viviana Maza, de Hablemos de Autismo, al reflexionar sobre las dificultades que persisten en el ámbito educativo y la importancia de observar a cada niño más allá de su diagnóstico.

En una entrevista, Maza indicó que, pese a los progresos, se repiten situaciones que las familias denuncian desde hace años: problemas para obtener un lugar, respuestas que dependen de la discapacidad y trabas para una integración efectiva dentro del aula. “Todavía hay muchas barreras, muchísimas barreras. Lo seguimos viendo, seguimos escuchando los mismos testimonios que hace 10 años atrás”, afirmó.

Cuando la vacante parece esfumarse

Uno de los puntos más delicados que mencionó Maza es el instante en que una familia comunica que su hijo tiene autismo, una discapacidad o requiere apoyos específicos. Según su relato, los inconvenientes suelen aparecer después de ese aviso. “Buscás vacante para tu hijo y hay vacantes, pero cuando mencionás que tu hijo tiene una discapacidad, que tiene autismo o que necesita algún tipo de apoyo, empiezan los problemas”, señaló.

La referente explicó que, en ciertos casos, al presentar el Certificado Único de Discapacidad (CUD) o al llenar formularios, las respuestas de las instituciones cambian. “A veces desaparece la vacante, o te dicen que primero tiene que venir el equipo, que tiene que venir un acompañante, sin conocer quizás al niño. O directamente te dicen que no hay cupo o que no están capacitados para recibirlo”, comentó.

Para Maza, este proceso provoca un gran desgaste emocional en las familias. “Lo más duro es tener que ir con muchos miedos y ser rechazado muchas veces por la discapacidad de tu hijo. Eso no debe ser así”, sostuvo.

La inclusión no se limita a estar presente

Maza también subrayó que admitir a un niño en una escuela no implica necesariamente una inclusión real. “En otras ocasiones sí se permite ingresar al niño, pero no hay inclusión, porque tenemos un niño en una esquina dibujando o jugando mientras la docente está con el resto de alumnos trabajando. Eso no es inclusión”, advirtió.

En esa línea, remarcó que el reto no es solo otorgar un cupo, sino crear las condiciones para que el alumno participe, aprenda y desarrolle sus habilidades junto a sus compañeros. La referente opinó que el miedo y la falta de información suelen bloquear estos procesos antes de conocer al menor. “Es un no de entrada, sin conocer al niño y sin ver realmente si se puede o no acompañar”, indicó.

Docentes comprometidos y familias que apoyan

Aunque señaló las falencias, Maza también rescató experiencias favorables y pidió valorar la labor de maestros que, incluso sin preparación específica, se comprometen y acompañan. “Hay docentes que no están formadas a veces, pero tienen mucha voluntad, sentido común, acompañan a la familia, al equipo, que son los que más conocen a ese niño, y realmente se involucran”, expresó.

Como ejemplo, recordó la vivencia de su hijo en el jardín, cuando una maestra le confesó con honestidad que no sabía de autismo, pero que haría todo lo posible. “Fue increíble la experiencia que tuvimos con ella y con todo el grado”, contó.

Para Maza, esa disposición es clave. “Muchas veces el desconocimiento y el miedo hacen que uno se paralice y que no le dé la posibilidad a ese niño de brindarse y de desarrollar todo el potencial y la capacidad que tiene dentro del aula”, concluyó.

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