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Cuota alimentaria después de los 18: qué dice la ley y cuándo se extiende

Un abogado jujeño explicó qué dice la ley sobre la cuota alimentaria después de los 18: hasta cuándo se extiende y cómo pedir el cese del descuento.

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Redacción
26 de septiembre, 2026 · 12:01 · 3 min de lectura
Cuota alimentaria después de los 18: qué dice la ley y cuándo se extiende

Llegar a la mayoría de edad no implica que el pago de la cuota alimentaria se corte de manera automática. Así lo explicó el abogado César Lera, quien detalló cómo funciona el régimen legal en Argentina y qué pasos deben darse cuando se busca poner fin a esa obligación.

De acuerdo con lo que indicó el profesional, la norma general dispone que el aporte económico se sostiene hasta los 21 años. Sin embargo, ese plazo puede estirarse hasta los 25 cuando el hijo o la hija continúa estudiando o se encuentra en un proceso de capacitación. Es decir, la cuota alimentaria después de los 18 no se extingue por el solo hecho de alcanzar esa edad.

Un punto que suele generar confusión tiene que ver con los descuentos judiciales sobre el salario. Según remarcó Lera, cuando la retención se aplica directamente sobre el recibo de sueldo, tampoco cesa de forma automática: para que se detenga es imprescindible iniciar un trámite judicial. El abogado contó incluso que atendió situaciones en las que el descuento siguió aplicándose durante años porque nadie había pedido formalmente su finalización.

Otro aspecto abordado durante la entrevista es la posibilidad de que el propio joven, una vez cumplidos los 18, solicite administrar una parte de la cuota. Puede acordarse que un porcentaje siga yendo al progenitor con quien convive, para cubrir servicios y gastos de la casa, y que otro porcentaje lo maneje directamente el mayor de edad para sus necesidades personales.

Además, un hijo mayor de 18 años está habilitado para iniciar por su cuenta un reclamo alimentario. Esto también es posible cuando vive con otros familiares, como los abuelos, y ninguno de los padres aporta para su manutención. En esos casos, según sostuvo Lera, puede reclamarse la cuota a ambos progenitores.

El abogado aclaró que la cuota no se limita a los alimentos: también comprende vestimenta, educación, salud, gastos ordinarios y extraordinarios, y otros costos vinculados a la subsistencia. Cuando no hay un empleo registrado que permita determinar con claridad los ingresos, los juzgados pueden apoyarse en distintos indicadores para fijar el monto. Entre esas referencias, Lera mencionó el índice de crianza, que se usa para estimar gastos según las edades de los hijos.

Uno de los escenarios más difíciles se da cuando el obligado no tiene salario formal o no registra ingresos, aunque mantenga cierto nivel de vida. Frente a esto, la Justicia cuenta con diversas herramientas para intentar garantizar el cumplimiento. El entrevistado mencionó restricciones relacionadas con el carnet de conducir o autorizaciones para determinadas actividades, y hizo referencia al artículo 553 del Código Civil y Comercial, que habilita distintas medidas ante incumplimientos reiterados.

Durante la charla también se tocó un caso ocurrido en Córdoba, donde un cantante habría acumulado incumplimientos en el pago de la cuota alimentaria de su hija de 14 años. Según el relato, como no se lo podía localizar en sus domicilios habituales por su actividad laboral y sus viajes, terminó siendo notificado en su lugar de trabajo. Luego se presentó a declarar y manifestó su intención de empezar a cumplir con los pagos. Lera explicó que, ante determinados incumplimientos, además de las medidas del fuero de familia puede intervenir la Justicia penal.

En Jujuy, las consultas por alimentos siguen siendo habituales. El abogado indicó que cuando existe un trabajo registrado suelen tomarse ciertos porcentajes como referencia, y mencionó que habitualmente puede rondar el 20% de los ingresos por hijo, aunque cada caso debe analizarse en particular. También señaló que las consultas aumentan en contextos de mayores dificultades económicas, sobre todo cuando crecen los gastos familiares y se vuelve más difícil afrontar en soledad las necesidades de los hijos.

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