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Terapia intensiva en Jujuy: respiradores, familias y decisiones límite

El médico intensivista Miguel Salva describió cómo se trabaja en terapia intensiva en Jujuy: respiradores, familias y decisiones límite.

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Redacción
12 de septiembre, 2026 · 08:03 · 4 min de lectura
Terapia intensiva en Jujuy: respiradores, familias y decisiones límite

El trabajo dentro de una terapia intensiva en Jujuy supone lidiar a diario con decisiones urgentes, equipamiento médico, familias que aguardan y escenarios extremos. Así lo describió el médico intensivista Miguel Salva, con MP 3297, durante una entrevista en la que repasó la rutina de la especialidad y el aspecto humano de una labor que suele observarse únicamente desde la emergencia.

Salva relató que su inclinación por esta área surgió mientras cursaba la residencia de Medicina General, cuando pasó por ese servicio. Recordó que le tocó interactuar con los respiradores, la tecnología y un espacio donde se adoptan determinaciones que modifican de manera drástica el destino de las personas. Tras esa experiencia, optó por seguir formándose en terapia intensiva en hospitales de la provincia. Allí, según expresó, nació su amor por la especialidad.

El profesional explicó que, desde la mirada externa, este sector puede parecer un ámbito signado solo por la urgencia, los respiradores y las decisiones extremas. No obstante, sostuvo que para quienes trabajan allí también existe una rutina técnica respaldada por evidencia médica. En ese marco, señaló que en la terapia intensiva uno convive con la muerte a diario, pero eso se transforma en una especie de gaje del oficio.

Salva aclaró que muchas determinaciones clínicas, como colocar o retirar un respirador o indicar ciertos tratamientos, se sustentan en protocolos y evidencia. Por ese motivo, afirmó que lo más complejo no siempre reside en lo técnico. Poner un respirador, sacarlo o dializar a una persona, explicó, está tan pautado que quizás no parece una decisión tan difícil.

Para el médico, uno de los mayores retos de la especialidad consiste en acompañar situaciones de dolor y comunicar malas noticias a las familias. Ver el lado humano en la terapia intensiva es lo más difícil, afirmó. En ese sentido, evocó uno de los primeros momentos que lo marcaron durante su formación: no haber sabido cómo comunicar su primer fallecimiento fue quizás el momento más fuerte de aprendizaje.

Sostuvo que la formación universitaria prepara para diagnosticar y tratar, pero no siempre para afrontar emocionalmente determinadas escenas. La facultad enseña a hacer un diagnóstico y un tratamiento, pero no cómo comunicar una tragedia, expresó.

Salva remarcó que cada familia vive de manera distinta la internación de un ser querido en terapia intensiva. Mientras algunas personas comprenden la gravedad del cuadro, otras no logran dimensionar cómo una situación puede cambiar de un día para el otro. Hay familias que sí lo entienden y otras que no, indicó, y agregó que no se explican cómo una persona de 18 años puede estar muriéndose cuando el día anterior estaba en un gimnasio. Según explicó, en esos casos no existe una fórmula única para comunicar una noticia dolorosa. No hay forma de encontrar las palabras para comunicar una tragedia, reconoció.

Por eso, destacó la importancia de que los médicos en formación acompañen a profesionales con más experiencia durante los informes a familiares y en situaciones difíciles.

Durante la entrevista, Salva también se refirió a la contención dentro de los equipos de salud. En un ámbito atravesado por el estrés, la muerte y las decisiones urgentes, el acompañamiento entre colegas resulta fundamental. Tratamos de armarnos nuestro lugar, nuestro nido o nuestro hogar dentro de la terapia intensiva, explicó.

Contó que las revistas de sala no solo sirven para definir tratamientos, sino también para compartir, conversar y sostenerse como equipo. Nos apoyamos todo el tiempo, no solamente entre colegas, sino con todo el equipo: médicos, enfermeros y otros especialistas, sostuvo. También reconoció que, sobre todo al inicio de la carrera, algunas situaciones pueden superar emocionalmente a los profesionales. Muchos especialistas han tenido que ir a llorar a algún lugar donde uno no quiere que lo vean, relató.

Además de su labor en terapia intensiva, Salva contó que encontró en el canto una forma de desconectarse del estrés y volver a conectar con otros aspectos de la vida. Todo lo que nos haga desconectarnos un poco de ese lugar donde hay tanta adrenalina y tantas decisiones difíciles ayuda, señaló. Comenzó clases de canto hace aproximadamente un año y ese espacio se volvió importante en su rutina. Puedo estar destruido de una guardia y tener mi clase de canto, e ir con sueño pero con alegría, porque era mi momento de reconexión a la vida, expresó.

Al cerrar la entrevista, Salva agradeció la posibilidad de mostrar una parte menos visible del trabajo médico. Muchas gracias a ustedes por mostrar este lado que no se ve tanto de nuestro trabajo como médicos, concluyó.

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