Los residentes del barrio Cuyaya, particularmente de los pasajes Ushuaia y 21, atraviesan una situación de inseguridad extrema que los ha llevado a calificar su zona como completamente liberada. La presencia de un búnker de droga en Cuyaya genera conflictos permanentes que incluyen tiroteos, apedreos y enfrentamientos entre bandas rivales, transformando la vida cotidiana en un escenario de violencia constante.
Lo más preocupante para la comunidad es que las denuncias realizadas ante las autoridades competentes no han generado respuesta alguna. Los vecinos aseguran haber proporcionado información detallada que comprende el nombre completo, apellido y domicilio exacto del joven señalado como responsable de la distribución de estupefacientes en el sector. A pesar de estos datos precisos, tanto la Policía Federal como la División Narcotráfico han permanecido inactivos.
Una vecina que prefirió mantener su identidad en reserva expresó su frustración con palabras que reflejan el desamparo generalizado: “Estuvimos a disposición de la gente de Narcotráfico dando datos y nunca más aparecieron. Fuimos a la Policía Federal planteando la situación y hasta el día de hoy nada. El 911 aparece cuando ya todo terminó”. Esta declaración resume la impotencia de quienes viven bajo la amenaza constante de represalias.
El funcionamiento del búnker de droga en Cuyaya atrae a consumidores de otros barrios, lo que intensifica los conflictos. Según los propios residentes, el vendedor frecuentemente estafa a sus clientes entregando cantidades menores de lo acordado, desencadenando violentas represalias que afectan a toda la comunidad. Ante esta realidad desesperante, los vecinos han tomado una decisión radical: dejaron de activar las alarmas comunitarias, esperando que la escalada de violencia finalmente obligue a las autoridades a intervenir.
La falta de respuesta estatal no se limita a seguridad. Los residentes presentaron una solicitud formal hace un año para la poda de árboles cuyas ramas obstruyen la iluminación pública e interfieren con los sistemas de vigilancia. El municipio ignoró completamente el pedido, mientras que otras zonas como Ciudad de Nieva recibieron atención. Como resultado, los propios vecinos deben financiar el mantenimiento de la iluminación para evitar que el barrio quede sumido en la oscuridad total.
Hoy, la realidad cotidiana en esta zona de Cuyaya es el miedo permanente. Los espacios públicos, incluida la plaza local, han sido ocupados por personas que consumen alcohol y drogas durante la noche. Los residentes admiten que deben comportarse con extrema cautela y “tratar bien” a quienes generan los disturbios para evitar sufrir represalias violentas contra sus propias viviendas. Esta situación refleja un abandono estatal que ha transformado a los vecinos en rehenes de su propio barrio. Consulte nuestras noticias policiales para más información sobre inseguridad en la provincia.


