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Investigan la concentración de sismos en los Valles Calchaquíes

Especialistas investigan la concentración de sismos en los Valles Calchaquíes y analizan si responden a fallas tectónicas o al sistema volcánico del Galán.

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Redacción
3 de octubre, 2026 · 20:02 · 5 min de lectura
Investigan la concentración de sismos en los Valles Calchaquíes

Un grupo de especialistas analiza el aumento de la actividad sísmica registrada en los Valles Calchaquíes. Esa cifra equivale a casi la tercera parte de los cerca de 750 eventos que se contabilizaron en la región a lo largo de los ocho años previos. No obstante, los científicos aclaran que ese crecimiento por sí mismo no basta para vincular los movimientos con una actividad magmática ni para hablar de una amenaza volcánica inmediata.

Los temblores se repartieron por diferentes puntos de los Valles Calchaquíes, como Tacuil, Pucará, Colomé, Molinos y sectores al oeste de Cafayate. El mayor reto que enfrentan ahora los investigadores pasa por dilucidar cuál es el mecanismo que explica semejante concentración de terremotos.

Qué analizan los especialistas

El geólogo salteño Benjamín Heit, investigador del Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) de Potsdam y especialista en sismología y riesgo sísmico, monitorea la evolución del fenómeno en contacto con el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).

De acuerdo con lo que declaró a la prensa, sobre el origen de los movimientos existen varias hipótesis. Una de ellas apunta a que se deben a la actividad tectónica característica de una zona sometida a grandes esfuerzos por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana.

Otra opción es que guarden relación con procesos ligados al sistema volcánico del Galán. También se evalúa que ambos mecanismos podrían estar actuando de manera conjunta.

Esta última posibilidad se asocia a los llamados procesos volcanotectónicos, en los cuales la deformación tectónica puede vincularse con la dinámica de un sistema magmático. Para definir cuál de estas explicaciones se ajusta mejor a la secuencia actual, será indispensable conocer con mayor precisión dónde y a qué profundidad ocurren los sismos.

La cercanía con el volcán Galán

El volcán Galán está ubicado en Antofagasta de la Sierra, Catamarca, próximo al límite con Salta. La estructura se originó hace unos 2,2 millones de años tras una erupción de gran magnitud.

Su caldera abarca cerca de 50 kilómetros de extensión de norte a sur y alrededor de 24 kilómetros de este a oeste. En su interior se formó después un domo resurgente y hoy la zona conserva manifestaciones hidrotermales, circulación de fluidos profundos, emisiones de dióxido de carbono y anomalías térmicas.

Lugares como La Colcha, Aguas Calientes y Piscinas Burbujeantes cuentan con aguas termales y emanaciones gaseosas vinculadas a la presencia de un sistema hidrotermal activo.

Estudios desarrollados entre 2000 y 2015 permitieron analizar la estructura interna de la Puna y confeccionar una tomografía sísmica del Galán. Entre los hallazgos surgió una estructura asociada al sistema magmático cuya ubicación guarda relación con la profundidad de algunos de los movimientos que se registran en la actualidad.

Un sistema magmático a gran profundidad

Pese a ello, Heit indicó que esa coincidencia no alcanza para afirmar que los nuevos sismos tengan un origen magmático.

A unos 30 kilómetros de profundidad se halla además el denominado Southern Puna Magma Body, una zona de baja velocidad sísmica que se interpreta como un gran cuerpo de material magmático parcialmente fundido.

Ese reservorio profundo funciona como una fuente de calor capaz de alimentar el sistema hidrotermal del Galán y de contribuir a explicar las temperaturas elevadas y la circulación de fluidos presentes en las estructuras profundas de la región.

Al mismo tiempo, los Valles Calchaquíes albergan numerosas fallas con capacidad de generar terremotos con independencia de la actividad volcánica. Entre ellas aparece el sistema de fallas de las Cumbres Calchaquíes, integrado por estructuras inversas con actividad neotectónica.

La profundidad será una de las claves

Para establecer el origen de la actividad reciente, uno de los datos esenciales será conocer la profundidad de cada terremoto.

Los movimientos profundos, que pueden ubicarse cerca de los 180 kilómetros, se relacionan con la subducción de la placa de Nazca. En cambio, los sismos más superficiales, en torno a los 12 kilómetros, pueden estar ligados a fallas locales.

Esa diferencia también resulta relevante para el análisis del riesgo sísmico. Un terremoto superficial puede provocar efectos significativos aun cuando su epicentro esté lejos de los principales centros volcánicos.

Por ese motivo, los especialistas sostienen que no corresponde asociar de manera automática el incremento de la sismicidad con una reactivación del Galán. Hasta ahora, lo que está comprobado es el aumento en la cantidad de movimientos, mientras que su mecanismo de origen sigue bajo estudio.

Buscan ampliar el monitoreo

Una de las alternativas que evalúan los investigadores es instalar una red temporal de estaciones sísmicas en torno a la caldera. El proyecto incluiría al INPRES, el CONICET, la Universidad Nacional de Salta y otros grupos especializados.

La meta sería conseguir información más precisa sobre la distribución y la profundidad de los eventos y determinar si la secuencia obedece principalmente a las fallas regionales o si existe algún grado de interacción con el sistema magmático.

El monitoreo actual se lleva adelante con los recursos disponibles del INPRES, con la participación del equipo encabezado por la investigadora Agostina Venerdini. Para los científicos, ampliar la capacidad de observación permitiría contar con más herramientas para interpretar la evolución de la actividad.

Hay antecedentes internacionales de incrementos repentinos de sismicidad alrededor de estructuras volcánicas que luego disminuyeron sin provocar consecuencias visibles en superficie. Entre los casos mencionados aparecen la región volcánica de Eifel, en Alemania, y una serie sísmica registrada cerca de la isla griega de Santorini.

La concentración de terremotos constituye una señal que exige seguimiento científico, pero por sí sola no permite anticipar una erupción ni establecer una amenaza volcánica inmediata. El episodio, además, vuelve a poner en foco la necesidad de profundizar el conocimiento sobre las fallas activas y el riesgo sísmico en los Valles Calchaquíes y el norte argentino.

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