Sábado 29 de agosto, 2026 · San Salvador de Jujuy · —°
La Opinión Digital
Nacionales

Uno de cada cinco jóvenes en Argentina no estudia ni trabaja

Un informe de la UCA revela que uno de cada cinco jóvenes en Argentina no estudia ni trabaja, con profundas brechas según el nivel socioeconómico.

R
Redacción
29 de agosto, 2026 · 20:01 · 3 min de lectura
Uno de cada cinco jóvenes en Argentina no estudia ni trabaja

Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), basado en datos del período 2021-2025, revela profundas brechas en educación, empleo, salud emocional y vínculos sociales entre los jóvenes de distintos sectores económicos.

El estudio, titulado “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, señala que uno de cada cinco jóvenes de entre 18 y 25 años no estudia ni trabaja. Sin embargo, esta cifra general oculta una realidad mucho más dispar: en el estrato socioeconómico muy bajo, la cifra asciende al 34,2%, mientras que en el sector medio alto apenas llega al 8,3%.

Las oportunidades educativas también muestran diferencias notables. Mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% de los del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria. La dedicación exclusiva al estudio alcanza al 41,2% en el sector medio alto, pero se desploma al 15,6% en los sectores más vulnerables.

En cuanto al mercado laboral, solo el 14,2% de los jóvenes tiene un empleo pleno de derechos. Un 22,5% alterna empleo irregular con desempleo reciente, y otro 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo. El informe advierte que estas dificultades se agravan a medida que baja el nivel socioeconómico, con mayor informalidad y desempleo prolongado.

El concepto de “herencia social” es otro punto central del estudio. Las condiciones laborales de los adultos que sostienen el hogar influyen directamente en las posibilidades de los jóvenes. Un empleo estable y protegido aumenta las chances de continuar estudiando, mientras que la precariedad, el subempleo o el desempleo en el hogar incrementan el riesgo de quedar excluidos del sistema educativo y laboral. No obstante, tener un adulto con empleo formal no siempre compensa las dificultades de pertenecer a un hogar de bajos recursos.

La desigualdad también se extiende al bienestar psicológico y los vínculos. El 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico: 15,5% en el estrato medio alto y 28,5% en el muy bajo. En cuanto a los vínculos sociales, el 15,7% de los jóvenes de sectores muy bajos dice no tener amigos, frente al 1,7% del estrato medio alto. Además, las experiencias de violencia de género declaradas por mujeres jóvenes alcanzan el 19,4% en el estrato muy bajo, más del triple que el 6,2% del medio alto.

El informe de la UCA concluye que hablar solo de jóvenes que “no estudian ni trabajan” resulta insuficiente para entender el problema. Las dificultades se acumulan desde edades tempranas y combinan menores oportunidades educativas, trabajos precarios, desempleo, problemas económicos en el hogar, menor apoyo social y vulnerabilidad emocional. Por eso, las políticas destinadas a los jóvenes no deberían limitarse a facilitar el acceso al empleo o la educación, sino también fortalecer las condiciones de los hogares, acompañar a quienes quedaron afuera y mejorar las redes de apoyo.

En definitiva, las oportunidades de un joven para estudiar o conseguir su primer empleo se construyen mucho antes y están profundamente marcadas por las condiciones sociales y económicas de su familia.

Notas relacionadas